Ante la incertidumbre, competitividad

El III Foro Retail y Gran Consumo de El Economista ha reunido a algunos de los principales actores del sector de la #alimentación para analizar cómo las empresas y los consumidores se están adaptando a la actual crisis de costes y de precios. Fernando Miranda, secretario de Estado de Agricultura y Alimentación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación fue contundente en su análisis sobre un “escenario de incertidumbre prolongada en que el conjunto de la cadena agroalimentaria está viviendo una situación complicada derivada de los precios internacionales de las materias primas, fertilizantes, etc. Miranda ha sido, además, contundente a la hora de afirmar que la formación de precios en la cadena funciona correctamente, que no existe especulación –en productos como el aceite de oliva- y que los esfuerzos sobre los márgenes en la industria y la distribución son patentes.

La mesa dedicada a “La competitividad de la distribución española” siguió esta misma línea, advirtiendo de un año 2024 sobre el que planea la incertidumbre agravada, además, por riesgos regulatorios y fiscales: impuesto al plástico, propuesta de reglamento europeo de plazos de pago y coste del absentismo, entre otros. Preocupan los signos de desaceleración en el consumo que se vienen observando desde hace algunos meses en un sector basado en la alta rotación de productos y que los costes no estén bajando todo lo que se esperaba. Esto que presiona al consumidor que busca, cada vez más, una buena relación calidad-precio. La respuesta empresarial es optimizar la eficiencia de los procesos –entre otros, gracias a la digitalización-.

En el bloque de cierre del evento, el presidente de ASEDAS, Josep Antoni Duran i Lleida, volvió a clamar por la necesidad de legislar menos y mejor y porque se reduzca el coste regulatorio en aras de la competitividad. Además, recordó la aplicación responsable y rigurosa de las medidas para reducir la inflación y el papel de la distribución alimentaria como dique de contención frente al alza de precios.

Puedes ver un resumen de su intervención: https://dai.ly/x8oi12x


Buenas prácticas de la distribución alimentaria contra el desperdicio alimentario

En el camino hacia la economía circular, cada sector económico debería hacer una reflexión sobre en qué áreas de su actividad tiene un impacto mayor y un mayor recorrido para reducirlo. En el caso de la distribución de alimentos, cuando desde ASEDAS decidimos analizar los principales indicadores de sostenibilidad elegimos cinco: el control del desperdicio alimentario, el tratamiento de los envases, la eficiencia energética, la huella de carbono y los residuos.

El hecho de que el primero de ellos sea el desperdicio alimentario no significa que se le dé más importancia que a los demás, pero sí es un aspecto en el que los operadores del sector llevan trabajando muchísimo tiempo y tienen un interesante historial de buenas prácticas. El resultado de la investigación es que los operadores de ASEDAS -organización que representa el 75 por ciento de la distribución alimentaria- presentan un 1 por ciento de desperdicio alimentario -es decir, aquellos alimentos que no son ni comercializados ni donados ni revalorizados- y un 99 por ciento de alimentos comercializados y/o aprovechados. Frente a esto, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en su estrategia “Más alimento, menos desperdicio” recoge que la distribución alimentaria tiene un índice de desperdicio alimentario del 5 por ciento; el sector horeca, del 14 por ciento; la producción, del 39 por ciento; y, por último, el consumidor final del 42 por ciento.

Si consideramos que la principal misión de cualquier empresa de distribución alimentaria es la venta de alimentos, tenemos que ser conscientes de que un alimento no vendido, es decir, “desperdiciado”, supone una pérdida económica para dicha empresa. Por lo tanto, desde un punto de vista puramente comercial, el control del desperdicio alimentario es un objetivo prioritario para el sector. Y, en este sentido, la primera medida es ajustar al máximo la demanda con la oferta. El control del surtido -además de su tratamiento cuidadoso en todo el proceso de transporte y tratamiento en plataforma logística y en tienda- ha alcanzado un gran perfeccionamiento gracias a la tecnología y apoyado por prácticas comerciales como ofertas o descensos de precios en productos de caducidad próxima y a la comprensión de los consumidores que -especialmente en lo referido a productos frescos- entienden que haya menos suministro en las últimas horas del día.

La donación de alimentos que no son aptos para la comercialización, pero sí para el consumo es una línea de trabajo que las empresas de supermercados tienen muy desarrollada, dando prioridad a la colaboración con organizaciones sociales de proximidad. Se trata de una acción destinada a prevenir el desperdicio, además de una acción complementaria a la donación económica a través de acuerdos con ONGs, tarjetas monedero u otros sistemas de ayuda a los colectivos más vulnerables incluidos en las acciones de responsabilidad social empresarial.

Seguir trabajando para reducir todavía más este 1 por ciento de desperdicio -alimentos que pueden incluirse, por ejemplo, en valorización para alimentación animal- es un objetivo en el que se sigue trabajando. Aún así, hay que ser conscientes de que siempre habrá un mínimo porcentaje -roturas, accidentes…- que restará a este objetivo. Aquí la responsabilidad que tenemos es que este “desperdicio” sea recogido y tratado adecuadamente; algo que la distribución alimentaria lleva, así mismo, en el ADN de su gestión medioambiental.

Del 25 al 30 de septiembre se ha celebrado la 6ª Semana contra el Desperdicio Alimentario, coordinada por AECOC, con iniciativas de concienciación ciudadana que buscan difundir buenas prácticas para aprovechar al máximo los alimentos.


Tres pistas sobre la evolución del consumo alimentario: hogares, canales y lugares

El Informe del Consumo Alimentario en España que publica cada año el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recoge numerosos datos de interés para comprender la evolución de la demanda de alimentación y proyectar las tendencias de futuro. Entre las numerosas conclusiones que se pueden extraer del último –que recoge los datos del año 2022- vamos a detenernos en tres de ellos: la composición de los hogares, los canales de compra y el consumo tanto dentro como fuera de casa.

La evolución de los hogares españoles

Desde 2015, el número de hogares en España presenta una tendencia creciente cuya composición es un espejo de la sociedad española: aumentan los hogares formados por jóvenes y adultos independientes, hogares monoparentales, parejas adultas sin hijos y retirados; mientras que se reduce el número de familias formadas por parejas con hijos -independientemente de la edad-, así como los hogares compuestos por parejas jóvenes sin hijos.

Además, el informe también analiza la manera de comer de las personas que forman parte de estos hogares. Ésta se resume en que cada vez se dedica menos tiempo a cocinar en casa –tanto entre semana como los fines de semana-, lo que implica que “los hogares españoles están optando cada vez más por utilizar ayudas culinarias (por ejemplo, salsas prefabricadas, caldos, etc.) o incluso consumiendo más platos preparados de V gama (platos ya elaborados que con solo calentar están listos para comer”.

Del cruce de ambas conclusiones resulta una cesta de la compra o unos “drivers” de consumo que apuntan a la demanda de cantidades adaptadas a hogares pequeños y alimentos fáciles de cocinar y consumir, con una presencia importante de la alimentación fresca -el 37,3 % del volumen total de alimentación adquirida por los hogares-. Además, cabe una reflexión sobre las dietas alimenticias, que apunta a la convivencia entre consumidores omnívoros, flexitarianos, vegetarianos y veganos.

Los canales de compra

Supermercados y autoservicios –entre los que incluimos el criterio de “tienda descuento” que mantiene el MAPA- siguen siendo los lugares preferidos por los hogares para la compra de alimentación y bebidas para el abastecimiento doméstico, sumando más del 63 por ciento del volumen.

El hipermercado y la tienda tradicional suman un 12,8 y 12,7 por ciento, respectivamente. Esta última alcanza el 30 por ciento de la venta de alimentos frescos, lo que subraya la competitividad de la distribución de alimentación española y la variedad de formatos y empresas que la componen. El amplio abanico de posibilidades que tiene el consumidor español para realizar sus compras de alimentación es garantía de precios competitivos y de variedad de productos y surtidos.

Por último, el canal e-commerce, representa el 2,3 por ciento de las compras totales de alimentación en España, con una desaceleración respecto a los años de pandemia. Como adelantaba también el VII Observatorio de Comercio Electrónico de Alimentación de ASEDAS, la “vuelta a la tienda física” es una realidad, dentro de que el canal online sigue evolucionando y complementando el canal tradicional.

Toda la alimentación: un análisis profundo del consumo 

Muy interesante es el enfoque del análisis que recoge el Informe del Consumo Alimentario en España al considerar el consumo de alimentación tanto dentro como fuera del hogar. Este enfoque es imprescindible para comprender la verdadera dimensión de las cuotas de mercado de los diferentes canales -al incluir el horeca que en España es especialmente importante- y la enorme competitividad del mercado alimentario español.

Así, el informe recoge que “si realizamos una comparativa del consumo que se realiza tanto dentro como fuera de los hogares, la proporción queda estructurada de la siguiente manera: el 87,2 % del volumen de alimentos y bebidas comprados se adquieren para el abastecimiento del hogar, y la parte correspondiente al consumo realizado fuera de casa alcanza el 12,8 % del volumen total. La proporción es distinta si tenemos en cuenta la distribución del valor, pues el consumo fuera del hogar alcanza un valor correspondiente al 31,4 % del gasto total, como consecuencia del precio medio pagado fuera de casa que, en líneas generales, es superior”.

Felipe Medina, secretario general técnico de ASEDAS, realizó un análisis en base a estos mismos criterios que es también esclarecedor de la complejidad y variedad de formatos que compiten en el mercado alimentario español. Puede leerse en su blog Un Agrónomo en el Súper.


La eficiencia será la clave para superar la crisis inflacionista en la distribución de alimentación

Para el sector europeo de la distribución de alimentación, 2022 ha sido un año marcado por la inflación y por la creciente sensibilidad de los consumidores a los precios. Esto ha provocado la mayor caída de los márgenes de los supermercados en cinco años; así como un descenso de la facturación en un 7,1 por ciento. Estas son las algunas de las conclusiones del informe “Vivir con la incertidumbre y responder a ella: el estado de la distribución de alimentación 2023”, presentado por McKinsey & Company y por EuroCommerce, donde, además, se analizan las tendencias que configurarán el sector minorista de alimentación en 2023.

La principal conclusión que se desprende del informe es la creciente presión del mercado sobre la distribución minorista, que está reduciendo los márgenes e incrementando la necesidad de innovación empresarial, economías de escala e inversiones para preparar el negocio para el futuro. De este modo, mientras los márgenes sufren, la necesidad de invertir en tecnología, sostenibilidad y talento sigue creciendo, y pone a prueba la eficiencia del sector.

Las tendencias clave son las siguientes:

– El comportamiento de los consumidores en 2023 seguirá reflejando un enfoque cauteloso derivado de los efectos de la incertidumbre económica de los últimos años. Es probable que los volúmenes de venta se mantengan estables durante el resto de 2023 debido a la difícil coyuntura económica. Entre los consumidores, el 53 por ciento tiene previsto ahorrar más dinero en alimentación.

– La continua presión sobre los márgenes intensificará probablemente la carrera por las economías de escala. Los precios de los productores, los aumentos salariales y los crecientes tipos de interés seguirán repercutiendo en la rentabilidad de la distribución de alimentación.

– Dado que en el futuro se prevé un crecimiento moderado del comercio electrónico, es preciso hacer más rentable este canal.

– Es probable que la tecnología y la automatización se aceleren. La inversión adicional necesaria en tecnología se estima en entre 45.000 y 55.000 millones de euros hasta 2030.

– El sector seguirá intensificando sus esfuerzos para acelerar la descarbonización. La distribución tiene un papel esencial que desempeñar en la colaboración con proveedores y consumidores para abordar las emisiones de alcance 3 -las que no generan directamente, pero que constituyen alrededor del 90 por ciento del total-.

En este contexto, la eficiencia es la clave, como afirma Daniel Läubli, director internacional de comercio minorista de alimentación de McKinsey, «si los distribuidores ofrecen alternativas más baratas a sus clientes y redoblan la eficiencia, dejarán margen para inversiones en crecimiento y sostenibilidad, lo que aumenta las posibilidades de salir reforzados de esta crisis«.

Por su parte, Christel Delberghe, directora general de EuroCommerce, ha declarado que «proteger a los consumidores de las presiones inflacionistas y del aumento de los costes de la energía ha supuesto un enorme reto para los minoristas y mayoristas europeos, añadiendo más presión a unos márgenes ya de por sí muy bajos. Y lo han hecho al tiempo que tenían que invertir en sostenibilidad, digitalización y cualificación. Estos aspectos son esenciales para la competitividad futura de la distribución europea de alimentación«.

Informe completo AQUÍ.


El emprendimiento en la distribución alimentaria

El 16 de abril se celebró el Día Mundial del Emprendimiento cuyo objetivo es dar a conocer la importancia de crear nuevos negocios para la economía de los países. Y también busca fomentar el espíritu emprendedor entre la población, así como dar a conocer el impacto de los emprendedores en la economía y la sociedad. Este día es una buena ocasión para lanzar una mirada a los miles de trabajadores de la distribución alimentaria que han encontrado en el emprendimiento una vía de desarrollo personal y económico.

Si atendemos a los datos del I Informe sobre Distribución de Proximidad en España, vemos que el 60 por ciento de las aperturas de nuevas tiendas en 2021 correspondieron a la suma de los modelos de gestión franquiciado-asociado a cadenas o a cooperativas. El conjunto de tiendas que operan bajo estas fórmulas supera el 48 por ciento del parque total del sector del retail del gran consumo, con un incremento de dos puntos sobre la posición que se registraba cinco años atrás.

Por último, las más de 600 nuevas franquicias y tiendas asociados de 2021 generaron alrededor de 2.300 empleos, lo que constituye una importante base de emprendedores que se arraigan en entornos necesitados de servicios, como barrios periféricos de las ciudades o áreas rurales. Así contribuyen, desde el servicio fundamental de la distribución alimentaria, a la vertebración social y territorial del país.

El interés que despierta el retail de alimentación entre los emprendedores deriva, precisamente, de esa función esencial que se manifestó con claridad durante los meses de la pandemia Covid-19. Pero dar cobertura a esta necesidad social no sería posible sin la base de un modelo de distribución alimentaria -que se ha construido durante los últimos 20 años y que aporta elementos de competencia y de equilibrio- que hace posible las pequeñas cadenas y los emprendedores puedan competir en el mercado. Las centrales de compra y la distribución mayorista son un pilar fundamental en este sentido.

Así pues, empleo, vertebración territorial, desarrollo económico y social… todo ello es sinónimo de emprendimiento también en el sector de la distribución alimentaria.