Los hábitos de consumo de dulces navideños evolucionan y, según el informe de consumo alimentario para el año 2018 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los hogares más fieles a turrones, mazapanes y polvorones son aquellos integrados por parejas adultas sin hijos, parejas con hijos mayores y personas jubiladas. Estos últimos duplican el consumo medio nacional con una ingesta aproximada de 1,59 kg por persona y año.
Por el contrario, los jóvenes sin hijos o con niños pequeños y adultos independientes muestran un menor interés muestran por estos dulces. La explicación más probable es que se trata del perfil que no suele organizar las cenas familiares; otra explicación puede ser el interés por mantener, también en Navidad, una dieta calóricamente moderada y baja en azúcares. En este caso, la industria responde a esta tendencia con una cada vez mayor oferta de dulces navideños light y presentados en porciones para controlar mejor el consumo. Aún tendremos que analizar los datos de aceptación de estas propuestas.
Sea como sea, el supermercado y el autoservicio son los tipos de establecimiento donde unos y otros acuden para dar un toque dulce a las comidas durante estas fiestas, con una cuota en volumen del 45,7%.
Por último, el consumo también varía en función de las regiones españolas, como ha analizado con detalle la revista Alimarket. El Principado de Asturias, Cataluña y Andalucía son los que más defienden esta tradición gastronómica navideña, mientras que Comunidad Valenciana, Aragón y La Rioja registran los más bajos volúmenes de consumo per cápita. Cabe mencionar que sólo los asturianos superaron el kilo de consumo por habitante de estos productos -en concreto, alcanzó el 1,24 kg-. Lejos de esta cifra quedan los valencianos, que con un consumo de 0,59 kg/año se mantienen a distancia incluso de la media nacional (0,77 kg).
Los productores de frutas y hortalizas comienzan a mover ficha hacia un cambio de hábitos destinado a la migración hacia envases sostenibles que fomenten el cambio hacia una economía circular. Las opciones, de momento, son el uso de diversos tipos de materiales biodegradables, compostables o reciclables, como el cartón o la madera. Otras opciones innovadoras son, por ejemplo, el uso de restos vegetales de la cosecha o el marcado por impresión.
Todo se une a la práctica, que se lleva a cabo desde hace años, de reutilizar las cajas de plástico reciclado –pull de envases- que se utilizan para el transporte y exposición de frutas y hortalizas y que hacen el camino del campo a la tienda durante años.
Las iniciativas que se están llevando a cabo desde la producción son un ejemplo de que, para tener éxito, el objetivo de la economía circular tiene que ser compartido entre empresas, instituciones y ciudadanos. El reto de avanzar en la reducción y reciclaje de plásticos y otros materiales para devolverlos al sistema productivo y reducir el desperdicio al mínimo posible solo se alcanzará con sistemas de recuperación y reciclaje eficientes y con un ejercicio de responsabilidad por parte de todos, incluidos los ciudadanos.
Además, el objetivo medioambiental, para que tenga resultados tangibles, tiene que tener en cuenta criterios técnicos, económicos y sociales realistas. Comprobamos que las soluciones técnicas van llegando al mercado, el reto ahora es que todos los ciudadanos tengan pronto a su disposición los elementos necesarios para realizar una correcta separación y posterior reciclaje, como la esperada extensión a todo el territorio del contenedor marrón donde depositar residuos compostables.
La Comisión Europea ha publicado su edición 2019 del Cuadro de Indicadores relativos a los Consumidores. En él se demuestra que se están reduciendo las desigualdades generales en las condiciones del consumo entre las distintas regiones de la UE; además, los consumidores son más conscientes de su huella ambiental y piensan que las normas en materia de consumo infunden confianza en el mercado.
Las últimas cifras ponen de manifiesto que, más del 70% de los consumidores, confían en que los distribuidores garantizan sus derechos. Sin embargo, esto no debe servir para relajar los esfuerzos destinados a mejorar todavía más las condiciones y la confianza de los consumidores.
Las principales conclusiones de los indicadores son las siguientes:
- En un contexto de mayor concienciación sobre el calentamiento climático y la contaminación mundial por plásticos, la encuesta pone de manifiesto que una proporción cada vez mayor de consumidores de la UE tienen en cuenta el impacto ambiental de sus compras. Los consumidores de la UE más conscientes desde el punto de vista ambiental son los de los países meridionales (59 %) y orientales (57 %). Una mayoría clara de minoristas (71 %) opina que son fiables las alegaciones ecológicas de los productos o servicios de su sector.
- La situación de los consumidores decae en Europa occidental, pero sigue mejorando en otras partes de la UE, y los países meridionales y orientales de la UE se están aproximando a la media de la UE. Ahora bien, sigue siendo significativa la diferencia entre el país con mayor puntuación (Suecia, con el 71 %) y el país con menor puntuación (Croacia, con el 53 %).
- Más de un 70 % de los consumidores de la UE confía en que los distribuidores minoristas respeten sus derechos. A su vez, más de un 70 % de los distribuidores considera que es fácil cumplir la normativa en materia de consumo. Además, la mayor parte de los minoristas de la UE evalúan de forma positiva la aplicación en su sector de la normativa en materia de protección de los consumidores y de seguridad de los productos. Las puntuaciones más altas van a la aplicación de la normativa sobre seguridad de los productos: tres cuartas partes aprecian la labor de supervisión de las autoridades públicas.
Vĕra Jourová, comisaria de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género de la UE, se muestra satisfecha porque “los consumidores son cada vez más conscientes de su huella ambiental a la hora de comprar”. Y ha aprovechado para lanzar un mensaje navideño sobre responsabilidad en el consumo: “ahora que se avecinan las fiestas de fin de año, animo a todos los consumidores a que se dirijan a comerciantes de confianza, conozcan sus derechos y compren siempre de manera responsable».
Pincha AQUÍ para consultar el Cuadro de Indicadores relativos a los Consumidores.
Durante los años de la crisis, los consumidores comenzaron a mirar al supermercado como un buen lugar donde realizar sus compras de higiene y cuidado personal. La calidad de los artículos de belleza, aseo y salud que allí encuentran ha hecho que la tendencia se mantenga y crezca también de la mano de las opciones de compra online que las enseñas tradicionales ofrecen.
En este contexto, irrumpen en el mercado nuevos nichos y tendencias a los que hay que estar muy atentos: los españoles (hombres) se sitúan en las primeras posiciones del ranking mundial en preocuparse por su apariencia, según un estudio de Kantar. La consultora concluye que el hombre español está incorporándose al uso de categorías que tradicionalmente se asociaban al consumo femenino, como son los productos de cuidado facial y capilar.
Además, a nivel global, se incrementa la inversión en productos de higiene y cuidado personal enfocados al público masculino. Se trata de una tendencia a la que hay que estar muy atentos desde el punto de vista del concepto de servicio que anima al supermercado y que incluye la capacidad de ofrecer una cesta de la compra completa para todos los miembros de la familia, así como de aconsejar sobre la compra de los productos. En este sentido, la figura del asesor experto en la sección de aseo y cuidado personal se puede ver ya en muchos establecimientos en lo que es una marcada tendencia de servicio al consumidor.
El impacto del comercio electrónico en la movilidad urbana comienza a tener cifras. Hay dos que destacan especialmente: el movimiento de mercancías ligadas al comercio electrónico registra un crecimiento anual del 8% y el 38% de los kilómetros de desplazamiento en ciudades se deben a este fenómeno.
Ambos datos los proporcionó AECOC en su 9º Congreso de Supply Chain donde ya se ha reconocido abiertamente la necesidad de encontrar modelos eficientes para la movilidad urbana que tengan en consideración la actual congestión del tráfico en las ciudades y, por supuesto, la necesidad de minimizar el impacto medioambiental del transporte generado por el comercio electrónico.
El desarrollo de la omnicanalidad es una oportunidad para la distribución. El comercio electrónico responde a la demanda de grupos de consumidores que hay que tener en cuenta y, para ello, se requiere la adecuación de los procedimientos logísticos como corazón del sistema y la mejora de los niveles de innovación tecnológica de manera que se sirva al consumidor sin perder de vista los objetivos de sostenibilidad social, económica y medioambiental.
Disponer de una logística ágil y eficaz es un pilar para triunfar en este nuevo entorno, pero de nada servirán los esfuerzos en este sentido sin aplicar parámetros de responsabilidad social y medioambiental.
Además, es preciso tener en cuenta que el proceso va mucho más allá de la última milla. Es preciso integrar con coherencia todos los pasos del mismo: gestión y diseño web, atención al cliente, manipulado de producto, gestión de pallets, administración de la logística inversa, gestión de la línea automatizada, gestión de residuos y un largo etcétera.