Acuerdo de París: gestos por el clima desde la distribución alimentaria

El acuerdo de París cumple mañana su quinto aniversario en lo que ha sido, según el Consejo Económico y Social Europeo, una movilización sin precedentes de la sociedad. Las instituciones europeas se han volcado en este pacto por el clima y también las organizaciones civiles. En este contexto, es interesante recuperar las reflexiones de Eurocommerce en el lanzamiento de la Comisión Europea de la Nueva Agenda del Consumidor.

«La transición verde y digital está en pleno desarrollo, y está siendo impulsada en gran parte por los consumidores y lo que compran. Los minoristas ayudan proporcionando a los consumidores cada vez más formas de hacer elecciones sostenibles y pidiendo a los proveedores productos más sostenibles, circulares y ecodiseñados«, dijo Christian Verschueren, director general de la asociación representativa del retail europeo.

Facilitar este tipo de elecciones incluye la consideración de todos los factores que influyen en el acto de compra. Por ejemplo, un reciente estudio del Institut Cerdà apunta a que, en España, casi el 90% de los consumidores van al supermercado a pie para hacer la compra. Esto significa que, de los algo más de 2.600 millones de actos de compra en el formato supermercado que se calculan anualmente, unos 2.400 millones se realizaron con emisiones cero en lo referente al desplazamiento. Ello es posible por la alta capilaridad e intensa competencia en el sector, que son algunos de los signos definitorios del modelo de distribución alimentaria en nuestro país.

En este sentido, Verschueren recuerda que los minoristas deben ser capaces de innovar y responder rápidamente a los cambios en el comportamiento y las expectativas de los consumidores. Para ello, necesitan un clima empresarial y político estable y previsible: las normas armonizadas – y la ausencia de sobrerregulación por parte de los gobiernos nacionales -, las políticas nacionales de consumo coherentes y la aplicación efectiva y eficiente de las mismas en toda la UE son las mejores formas de garantizarlo.


Hacia unos sistemas logísticos flexibles, sostenibles y digitalizados

La eficiencia de la cadena de valor de la distribución depende en buena parte de contar con unos sistemas logísticos flexibles, sostenibles y digitalizados. Estas son algunas de las condiciones de una estrategia logística capaz de responder a los retos del futuro que destaca el Kaizen Institute en un reciente informe.

Esta consultora apunta a tres aspectos importantes a la hora de optimizar la llegada de los productos a las tiendas, en todos ellos la digitalización cobra un protagonismo especial:

  • Modelo logístico que incluya las estrategias de stock y reaprovisionamiento, localizaciones y automatización de almacenes, rutas y tipo de distribución son las adecuadas para la tipología de clientes y productos que se sirven.
  • Optimización de almacenes, para que la gestión de pedidos y planificación de recursos se produzca de la manera más ajustada posible a la demanda. Esto, por supuesto, es especialmente importante cuando hablamos de productos perecederos para evitar el desperdicio.
  • Optimización del transporte con cuestiones como gestión de rutas, carga y descarga o cubicaje, uso de energías limpias… que conducirán a una movilidad sostenible.

La movilidad sostenible es, precisamente, un reto logístico compartido por empresas logísticas, distribuidoras y administraciones. En el evento Supermercados y proximidad comercial en la movilidad sostenible, organizado por ASEDAS, una de las cuestiones que se analizaron fue el desafío de la última milla en el transporte de la plataforma logística a la tienda. Según datos del Institut Cerdà, entre los factores que influyen en el reparto de mercancías de las plataformas logísticas a las tiendas, el tamaño de los camiones es importante. En este sentido, los supermercados utilizan vehículos de gran tonelaje para abastecer a gran número de sus tiendas, lo hacen en horarios regulados, y un cambio hacia vehículos más pequeños (10Tn de PMA –Peso Máximo Autorizado-) supondría un incremento de las emisiones de partículas contaminantes superior al 55%.


El compromiso de la empresa con la economía circular

El amplio espectro de la cadena de valor del envase incluye diseñadores, productores, fabricantes, distribuidores, valorizadores, y también administración y consumidores. Todos ellos participaron la semana pasada en la Jornada “Compromiso Empresarial por la Economía Circular en el Envase”, organizada por la Comisión de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de CEOE, donde se subrayó la necesidad de los envases en sus funciones relacionadas con el producto que contienen, como son proteger, transportar, alargar la vida útil, garantizar la seguridad e informar. Pero, también, la responsabilidad de recuperarlos, reutilizarlos y, cuando esto no sea posible, tratarlos adecuadamente para su revalorización como recurso y, así, reintegrarlos al ciclo de la economía.

En lo que respecta a la distribución con base alimentaria, el director general de ASEDAS, Ignacio García Magarzo, subrayó el “compromiso serio de las empresas para cerrar el círculo de la economía circular y que los residuos se conviertan en las nuevas materias primas”. Ésta es una prioridad de las Administraciones y también lo es, desde hace ya tiempo, para las empresas del sector. El cumplimiento legal de las obligaciones marcadas por Bruselas es una realidad para la distribución alimentaria desde hace ya muchos años –por ejemplo, los supermercados fueron los primeros en cobrar las bolsas de plástico de un solo uso hace más de una década-, pero se quiere ir más allá en un ejercicio de responsabilidad medioambiental, de escucha hacia la sociedad y de colaboración con proveedores y clientes.

Para alcanzar el pleno desarrollo de la economía circular, las empresas necesitan llegar a los objetivos aplicando los instrumentos que mejor se adapten a sus modelos de negocio. Ante esta demanda de las empresas, García Magarzo subrayó que “el sector de la distribución alimentaria ha demostrado en estos meses que merece confianza” y, por lo tanto, cumplirá también su compromiso con la economía circular.

Los diferentes eslabones de la cadena de valor del envase expusieron sus avances y sus proyectos para cerrar el círculo virtuoso de la economía circular, que imita al ciclo de la naturaleza, y cuyo objetivo es aprovechar todo y transformar los residuos en recursos. Con esto se consigue, además, ahorrar costes y crear puestos de trabajo, dando un impulso a la economía.

En este marco, todos coinciden en que resulta necesaria la labor de acompañamiento de la Administración para facilitar y promover el desarrollo de proyectos que permitan avanzar hacia la economía circular con mejoras a través la I+D+i, apoyo financiero y garantía de seguridad jurídica. Para ello, además, se deben activar los mecanismos necesarios para ayudar al consumidor a que deposite los envases en el contenedor adecuado a fin de que sean gestionados y reciclados adecuadamente y no terminen en el vertedero o abandonados en la naturaleza.


La importancia de los recursos humanos en la recuperación

Una de las grandes enseñanzas de la pandemia Covid-19 es la importancia de los recursos humanos en las empresas que han sido servicios esenciales. En el caso de la distribución con base alimentaria, el compromiso, la implicación, el sentido de servicio social y de pertenencia al sector de los empleados de las tiendas y de las plataformas logísticas ha sido un pilar básico para conseguir el objetivo de que la alimentación no haya sido un problema en los días más duros del confinamiento.

La gestión de las personas será, precisamente, un factor clave para la recuperación. Así se concluye en el informe “La empresa española ante la Covid-19”, elaborado conjuntamente por KPMG y CEOE. Con el factor humano a la cabeza de los retos que se nos presentan por delante, los empresarios encuestados también apuntan a la digitalización y a las técnicas para afrontar los cambios en los hábitos de consumo como otras dos cuestiones que las empresas deben ya abordar sin perder tiempo.

En ambos, el gran consumo tiene mucho que decir. La digitalización es un proceso que ya ha comenzado hace tiempo y que va mucho más allá del desarrollo de plataformas de comercio electrónico para abordar una profunda transformación de la gestión logística con un gran impacto económico y medioambiental.

Responder a los cambios en los hábitos de consumo es algo que la distribución con base alimentaria también lleva haciendo históricamente. En este sector los cambios son quizá más continuos y más rápidos que en otros, lo que no significa que haya que bajar la guardia en un momento especialmente delicado como el actual ante el profundo impacto de la pandemia en los consumidores. En este sentido, según el informe, la seguridad, la salud, el precio y la confianza se manifiestan como drivers del consumo bastante determinantes en un futuro próximo.


El desperdicio alimentario desde una visión económica, medioambiental y social

El desperdicio alimentario es un problema económico, medioambiental y social que viven las sociedades de nuestro entorno. Los datos del EU-funded FUSIONS Project muestran que el 53% del desperdicio se produce en los hogares, el 12% en la restauración, el 11% en la producción de alimentos y el 5% en la distribución. Ser el eslabón de cadena que mejor controla el desperdicio alimentario no significa que debamos pensar y actuar en solitario. Muy al contrario, solo una acción combinada a lo largo de toda la cadena puede contribuir a obtener reducciones más visibles y rápidas de desperdicio alimentaria y también a reducir los costes añadidos que esto supone. 

Efectivamente, ningún consumidor quiere comprar alimentos para tirarlos ya sea en su casa o en un restaurante, ningún productor o fabricante invierte en materias primas que desecha y toda tienda de alimentación desea vender sus productos, en lugar de retirarlos. Todo ello deriva en importantes ineficiencias económicas y medioambientales, estas últimas en forma de recursos naturales y energéticos que se gastan. Un hecho que no tiene cabida en la Economía Circular.

En la distribución alimentaria llevamos casi una década trabajando para que no haya desperdicio alimentario, es una ejemplo claro de nuestra Responsabilidad Social Sostenible en su triple vertiente:  compromiso medioambiental y social y que, al mismo tiempo, tiene un fuerte componente económico. La manera de abordarlo es transversal y alcanza tanto a los responsables de compra y de logística, como a acciones con el resto de la cadena de valor alimentaria. La conversación con los proveedores destinada a ajustar al máximo la oferta a la demanda es fundamental en este caso; como también lo es poner a disposición de los consumidores los alimentos en los formatos que estos necesitan.  Las medidas preventivas se han extendido por todas las tiendas: el pedido ajustado, las ofertas al final del día o cuando el producto está cercano a su fecha de caducidad, han hecho posible que ya no se tenga miedo al lineal vacío cuando queda poco tiempo para cerrar la tienda.

Por supuesto, las Administraciones también pueden ayudar con una regulación flexible y bien orientada que recoja la voluntariedad de las acciones o en analizar ineficiencias cuando el alimento se convierte en residuo. Esto es importante para aplicar las soluciones que mejor se adapten a cada sector y a cada compañía.

Esto es así, por ejemplo, en el caso de las donaciones de alimentos como herramienta para prevenir el desperdicio alimentario. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en un reciente evento sobre este tema, 9 de cada 10 empresas donan alimentos a ONGs. Solo las compañías de ASEDAS alcanzan donaciones de más de 13.000 toneladas de alimentos al año, que se han visto sustancialmente incrementadas durante la pandemia. Esta acción aúna la lucha contra el desperdicio con el compromiso social de las empresas destinado, además, a organizaciones de proximidad.

Sin embargo, debemos ser realistas en el sentido de que un porcentaje de desperdicio es inevitable debido a posibles desajustes en la demanda o golpes o roturas durante la manipulación o el transporte. Dentro del concepto amplio de la economía circular en el que las compañías están trabajando, además de minimizar este desperdicio, lo más importante es revalorizarlo –por ejemplo, derivándolo hacia la alimentación animal o el compostaje- y, en los casos en que esto no sea posible, tratarlo adecuadamente para que, en ningún caso, termine contaminando la naturaleza.