La Responsabilidad Social Empresarial se consolida como una misión estratégica de las empresas, en general, y de las compañías de distribución alimentaria, en particular. La obligatoriedad para corporaciones de más de 250 empleados de presentar memorias de Información no Financiera, según la Ley 11/2018 de 28 de diciembre, va a suponer una mayor visibilidad para las políticas que, en este sentido, se llevan a cabo sin que la sociedad tenga una gran percepción respecto a ellas.
Según un estudio presentado por la consultora EY en la Comisión de RSE de CEOE, los riesgos financieros más identificados por las empresas son los relacionados con el medioambiente y el clima; los que menos son los que se refieren a derechos humanos, salud y seguridad (teniendo en cuenta que el estudio es pre-Covid) y tecnología. Esto no significa que las empresas no trabajen en estos campos, sino que no se los relaciona de una manera tan expresa con el concepto de RSE.
Entre los conceptos que, de manera amplia, se manejan en materia de RSE en el sector de la distribución moderna podemos mencionar: la sostenibilidad empresarial como fórmula necesaria para sostener todo lo demás, el apoyo al desarrollo local, la eficiencia ambiental, la gestión de personal y la satisfacción de los consumidores, entre otros.
En esta línea, un informe del Instituto de Investigación de Capgemini “Productos de consumo y venta retail: cómo la sostenibilidad está cambiando las preferencias de los consumidores” revela que el 79% de los usuarios enfoca sus preferencias de compra siguiendo criterios de responsabilidad social, inclusividad o impacto medioambiental y que el coronavirus ha incrementado el nivel de concienciación y compromiso de los consumidores con respecto a la sostenibilidad en sus compras.
Por lo tanto, una visión 360º de la RSE, que implica además a toda la cadena de valor agroalimentaria, se impone para ofrecer una panorámica completa de lo que es una empresa responsable con el desarrollo económico, social y medioambiental de su comunidad. Esta triple sostenibilidad es, por ejemplo, una línea estratégica en ASEDAS desde hace tiempo y nuestra tarea es saber explicarla mejor.
“Los pagos están a la vanguardia de la digitalización de los servicios financieros, y los métodos de pago sin fricción son cruciales para que los empresarios y comerciantes puedan poner en marcha y hacer crecer sus negocios con éxito. COVID-19 ha acelerado la tendencia hacia los pagos sin efectivo y el comercio electrónico y ha aumentado la necesidad de que los comerciantes adopten herramientas omnicanal para aceptar pagos fuera de línea, en línea y basados en el móvil. La adopción de estas herramientas, que requiere una inversión en sistemas informáticos y hardware, supone una carga adicional para los pequeños y medianos minoristas en particular”. Así comienza el Dictamen INT/920 del CESE aprobado hoy, 24 de marzo, como opinión sobre la propuesta lanzada por la Comisión Europea “Una estrategia de pagos para el retail” y cuyo ponente principal ha sido el español Antonio García del Riego, representante de los empleadores españoles en el Comité.
El CESE subraya la necesidad de tener en cuenta que el efectivo sigue siendo el medio de pago preferido por los consumidores para sus transacciones minoristas en los puntos de venta y de persona a persona. El efectivo, así pues, tiene una importancia crucial para la inclusión social y el acceso a los servicios básicos. En este marco, se reconoce la importancia estratégica de los pagos y la necesidad de seguir trabajando para permitir las transacciones de pago en el mercado único utilizando nuevas soluciones paneuropeas.
El CESE pide a la Comisión, entre otras cosas, que priorice las acciones y los esfuerzos ante el elevado número de acciones identificadas en la estrategia de pagos, que reduzca las incertidumbres actuales en cuanto a un modelo de negocio sostenible para los pagos instantáneos y que centre sus esfuerzos en la interoperabilidad entre las soluciones de identificación electrónica existentes y las que están surgiendo. Además, considera prematura cualquier acción legislativa en el ámbito de los instrumentos de pago, ya que piensa que es preferible dejar que los agentes del mercado desarrollen productos adecuados para los clientes.
En definitiva, el CESE pone el foco en el consumidor para facilitarle, de manera segura, el acceso a los bienes de consumo a través del medio de pago de su conveniencia desde la concepción del comercio como un servicio al cliente.
Baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964), generación X (1965-1980), milennial (1981-1996) y generación Z (1997-2010) son los grupos de consumo que siguen despertando un gran interés entre los analistas. Todos ellos han vivido la pandemia y, curiosamente, comparten prácticas en cuanto a hábitos de consumo: la experiencia online combinada con la tienda física. Es lo que en ASEDAS llamamos la proximidad digital.
Una de las conclusiones del estudio El comprador influyente, realizado por The Economist para SAP tomando datos de diversos países es que la adquisición de productos básicos a través del comercio electrónico (comida a domicilio, alimentación, productos de limpieza e higiene personal) aumentó en todos los grupos de edad.
El estudio también ahonda en las ventajas que reconocen los consumidores a la hora de comprar en tiendas físicas. La primera, para todas las generaciones, es la gratificación instantánea de llevarse el producto directamente a casa. La segunda, es la posibilidad de evaluar el aspecto y el tacto del producto. Y, en tercer lugar, la selección de las ofertas y descuentos, aunque aquí los baby boomers y la generación X consideran que los establecimientos tradicionales realizan mejores ofertas que el canal online, mientras los más jóvenes piensan lo contrario.
Cuando la situación provocada por la pandemia mejore, 6 de cada 10 encuestados asegura que mantendrá alguno de sus nuevos hábitos de consumo, como el del uso del comercio electrónico -seguramente combinado con la compra física-. Los más jóvenes, milennials (66%) y Z (61%), serán los más propicios a conservarlas y los baby boomers los que menos las mantendrán (55%). La generación X se sitúa casi en la media (60%).
La moraleja de estos datos es que, en el futuro, la clave del éxito será buscar formas de satisfacer las necesidades de todos los grupos generacionales en cualquier entorno, ya sea en la tienda tradicional o en los canales online.
El sector de la alimentación, con toda su cadena de valor, era ya antes de la pandemia uno de los sectores que más aportaba al PIB. Las actuales circunstancias lo han hecho visible como un sector tractor de la economía por su capacidad de crear empleo tanto directo como indirecto. Destacan en este capítulo, además de la agricultura, las actividades de logística y la digitalización. A pesar de ello, no cabe tomar este sector como homogéneo, ya que el cierre de la hostelería y del turismo está afectando negativamente a la distribución mayorista y a ciertas empresas alimentarias y productos agrarios.
Un reciente estudio de Randstad señala el dinamismo de la logística a la hora de crear empleo en este año 2021, destacando el papel del comercio electrónico. Se trata de un canal que ha llegado para quedarse, como indica nuestro IV Observatorio de Comercio Electrónico, en la figura del consumidor mixto, que utiliza ambas vías de acceso a la alimentación desde la idea de las ventajas que otorga la “proximidad digital”.
Muy ligado a esta actividad, la tecnología se presenta como otro nicho importante de creación de empleo. Pero éste va mucho más allá de la logística ligada al comercio electrónico para contribuir tanto a la transformación digital como a la sostenibilidad de la cadena. Tecnologías disruptivas como el big data, el block chain o la inteligencia artificial nos permiten alcanzar la máxima eficacia en la gestión del surtido –limitando el desperdicio alimentario-, en la gestión de flotas bajo criterios de eficacia o en el control de equipos de refrigeración, entre otros.
En el capítulo de las industrias más dinámicas en cuanto a empleo, junto con la sanitaria y la farmacéutica, la consultora laboral sitúa también la alimentaria. Se trata de grupos de actividad muy significativos en este momento en cuanto a la esencialidad del trabajo que realizan para la sociedad.
¿Qué dejará la pandemia Covid-19 cuando termine? En la esperanza de que de esta difícil experiencia por la que está pasando la sociedad resulte algo positivo, de momento, observamos que los consumidores han adquirido una nueva visión de la cadena de valor agroalimentaria en su conjunto. Esta visión está basada en la confianza. En la certeza de que durante esta crisis la alimentación no está siendo un problema y de la fortaleza del sector para afrontar futuros retos.
El proyecto, “Aumentar la confianza de los consumidores y el apoyo a la cadena de suministro de alimentos y a las empresas alimentarias”, realizado por EIT Food, revela que la capacidad de la industria alimentaria para seguir abasteciendo los lineales a pesar de la pandemia ha mejorado la confianza de los europeos en su conjunto. Y aquí debemos hacer un inciso para recordar que España ha sido, en este contexto, el país con menos rotura de stock de nuestro entorno, lo que habla muy en positivo de eficiencia, profesionalidad y capacidad de respuesta de nuestra cadena de valor.
El profesor Richard Bennett de la Universidad de Reading, director del proyecto, ha dicho que “ante lo que podría haber sido un período perjudicial para la industria alimentaria, la forma en que diferentes empresas y partes del sistema han logrado continuar entregando alimentos a las personas ha contribuido mucho a generar confianza”.
En este sentido, el estudio confirma que la distribución alimentaria ha mejorado sus niveles de confianza en 2020. Y asegura que los minoristas respondieron de manera rápida y justa para garantizar que los artículos esenciales estuvieran disponibles.
¿Persistirá esta confianza cuando la normalidad regrese? El buen trabajo de la cadena hace suponer que sí, aunque no hay que perder de vista los deseos de los consumidores que, cada vez más, tienen que ver con la toma de conciencia de los esfuerzos de las compañías en materia de responsabilidad social –que incluye la medioambiental-. La comunicación será muy importante en el futuro, cuando lo inmediato dé paso a lo importante, para lograr dar un paso adelante en esta toma de conciencia.